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    La gestión por impulsos

    Hay ocasiones en la empresa en que deben resolverse los temas de forma inmediata, lo que implica decidir rápido y, a menudo, acabar errando. Gestionar por impulsos equivale a conducir con los ojos en las curvas.

    La derivada principal de la percepción de falta de tiempo para el gobierno de la empresa es el desorden de ideas y, en consecuencia, la confusión. Cuando un directivo tiene ante sí multitud de temas sobre los que decidir y no es capaz de situar cada cosa en su sitio, aparece el desasosiego y la turbación. La mezcla de ideas y conceptos, junto con las prisas, hace imposible distinguir lo importante de lo accesorio, porque todo aparece bajo la denominación de urgente.

     

    Una de las acepciones de la palabra impulso es el “deseo que induce a hacer algo de manera súbita, sin reflexionar”. En muchos de los casos se decide de forma rápida, irreflexiva y -aunque en el momento de decidir creemos que no es así- falta seguridad en primer término. Muchos directivos han comentado en voz alta frases como éstas: debería haber profundizado un poco más en el tema… ; no me he quedado totalmente convencido pero… ; creo que debería haber analizado mejor la otra alternativa…

    En ocasiones, los comentarios tienden a justificar la decisión: No había más remedio que decidir rápido, la organización estaba esperando… ; la he tomado rápidamente porque había que ganar tiempo… ; era más importante decidir que esperar un día más…
    Ciertamente, hay ocasiones en la empresa en que deben resolverse los temas de forma inmediata, lo que implica la necesidad de decidir rápido y, por tanto, la posibilidad de errar, pero esto no puede ser nunca una constante en los modelos directivos, ni tampoco quiere decir que haya que tomar las decisiones con precipitación.

    Gestionar por impulsos equivale a conducir un coche cerrando los ojos en las curvas y tomarlas sólo con la intuición del camino a seguir; seguro que en algún momento nos saldremos de la carretera. El impulso de la decisión en estas circunstancias nos hace pasar rápidamente a la acción, lo que aparentemente es romper una barrera y solucionar un problema o asunto cuanto antes.

    Sin embargo, en la mayor parte de los casos, estaremos actuando con un alto nivel de riesgo. Los directivos que frecuentemente gestionan con este modelo pueden verse en cualquiera de las siguientes situaciones. Cuando la decisión:

    • Se toma sin suficiente información y ésta puede ser distinta o contraria a la correcta, generando riesgos en la gestión.
    • Se toma sobre un asunto que no es el prioritario, bien por su importancia o por su plazo, dejando pendientes los temas que en realidad merecen atención y originando pérdidas de tiempo.
    • Produce tiempos improductivos al equipo de colaboradores y les impide desarrollar otros temas de mayor interés.
    • Genera complicaciones sobre los aspectos no reflexionados, produciendo efectos secundarios.
    • Puede tener que ser revocada, con pérdida de credibilidad del directivo.

    Muchos de los directivos que se ocupan de la gestión de personas en ámbitos globales de la empresa han afirmado en multitud de ocasiones tener la sensación de ser “apagafuegos”. Efectivamente, la complejidad del puesto en cuestión les hace estar en una posición crítica, donde confluyen todas las fuerzas de la organización interactuando bajo el esquema de sus responsabilidades: los altos directivos, los representantes de los trabajadores, las centrales sindicales, los directivos o mandos intermedios, los empleados, los conflictos colectivos e individuales, la gestión diaria y, además, la productividad, el absentismo, el control de gastos de personal, la eficiencia y la calidad.

    Como todos son importantes, su demanda hace del gestor de personas alguien que está en el centro de todas las miradas en la búsqueda de soluciones. En estas circunstancias, la palabra equilibrio aparece como la única que puede ser capaz de lograr un control de la situación. Sin embargo, en general, no sucede así, ya que la percepción de que todo es urgente genera una gestión por impulsos sobre la base de los conflictos; el directivo no es capaz de controlar la situación , no atiende prioridades y toma las decisiones sin la necesaria información, por lo que hay un mayor rango de riesgo posible de equivocación.

    Tomado de Expansión y Empleo

    November 23, 2007

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