¿Son las franquicias buenos empleadores?
Cuando en 2003 Merriam-Webster incluía en su famoso diccionario el término “McJobs”–refiriéndose a los puestos de trabajo mal pagados donde además las probabilidades de promoción son mínimas-, el consejero delegado de McDonald’s se sintió tan molesto que, en protesta, publicó una carta expresando su malestar. Sus demandas no llegaron a buen puerto y el término “McJobs” sigue estando en el diccionario. Merriam-Webster explicó que su misión es recoger y definir los términos que la gente utiliza, pero no entra a juzgarlos. McDonald’s no tira la toalla y a principios de este año puso en marcha otra campaña en el Reino Unido, esta vez para intentar convencer a Oxford English Dictionary de que haga desaparecer dicho término.
Tal y como sugiere este debate, es una creencia bastante generalizada que las franquicias, en especial aquellas del sector de la comida rápida, crean empleos sin futuro. Humoristas como David Letterman tienen muchos chistes sobre el tema. Se escriben libros con títulos como Fast Food Nation (La nación de la comida rápida) o Nickel and Dimed (Pago en calderilla). Incuso Peter Cappelli, director del Center for Human Resources (Centro de Recursos Humanos) de Wharton, admite haber aceptado el prejuicio de que muchas franquicias ofrecen “malos puestos de trabajo”, donde el salario es escaso, las prestaciones son pocas y las oportunidades de formación y promoción limitadas.
Pero Cappelli, profesor de Gestión, y Monika Hamori, profesora de Gestión del Instituto de Empresa en España, decidieron investigar si los hechos corroboran dicha creencia popular. Una de las conclusiones del estudio que acaban de finalizar, titulado “Are Franchises Bad Employers?” (“Franquicias: ¿malos empleadores?”), es que en algunos casos no tiene por qué ser cierta. “Después de controlar por el tamaño y el sector, encontramos poca evidencia de que los empleos son peores en las franquicias; de hecho, podemos demostrar de son mejores que los creados en empresas equivalentes”, escriben.
Analizando los datos de un informe nacional sobre empleo diseñado por Cappelli, estos investigadores descubrieron que las franquicias pagaban a sus empleados mejor que las empresas independientes de tamaño similar y pertenecientes al mismo sector; además ofrecían más formación. De hecho, en lo que respecta a formación, las franquicias superaban a sus competidores independientes en dos aspectos: no sólo formaban a un mayor porcentaje de sus empleados sino que, en promedio, además ofrecían más horas de formación por empleado. También eran más propensas a tener una política formal de formación y a utilizar prácticas que precisan la participación de los empleados, como por ejemplo reuniones con el gestor de calidad total. A menudo las reuniones pueden ser aburridas, pero en muchas empresas son una oportunidad para que los empleados den a conocer sus opiniones e ideas.
No obstante, existe otro lado de esta historia. Las franquicias no aventajan al resto de empresas en todas las variables que se han tenido en cuenta. Su tasa de rotación es más elevada y emplean a trabajadores con menos experiencia y nivel educativo. También tienen un porcentaje más alto de trabajadores a tiempo parcial. “Para ser justos con nuestra evaluación, debemos destacar que los empleos de las franquicias ofrecen más que los de otras empresas a los trabajadores menos cualificados”, escriben. El empleado medio de McDonald’s no está comparando su puesto preparando hamburguesas con un trabajo diseñando software para Microsoft. Compara su puesto con el que podría tener en la hamburguesería local. Y en ese contexto McDonald’s sale vencedora.
Las ambivalentes pruebas obtenidas por Cappelli y Hamori “hacen que la idea de empleadores buenos o malos se desvanezca. En ciertos aspectos las franquicias son buenas, y en otros no … En nuestra opinión, las diferentes empresas tienen diferentes modelos. Algunas son buenas en formación, así que ofrecen formación. Otras basan su estrategia en los bajos salarios”, explica Cappelli. Tal vez operen en un mercado en el que abundan los trabajadores poco cualificados que, por tanto, no pueden exigir altos salarios. En dicho mercado, retener a los trabajadores no tiene tanta importancia.
Los descubrimientos de Cappelli y Hamori plantean un dilema: si las franquicias invierten más en sus empleados, tanto a través de los salarios como en formación, ¿por qué experimentan mayores tasas de rotación que las otras empresas? Y dado que sus tasas de rotación y sus costes son más elevados, ¿cómo compiten?
Una posible explicación es que las tasas de rotación de las franquicias son inferiores a las que se tendrían en caso de que no ofreciesen mayores salarios y formación. Es una explicación posible, pero aún deja abierta la cuestión sobre la ventaja competitiva de las franquicias. “Gastar más por empleado que las otras empresas parece poner a las franquicias en una posición de desventaja en costes que de algún modo debe ser compensada, posiblemente a través de una mayor productividad o alguna otra forma de añadir valor”, escriben los autores. Se ha investigado muy poco sobre cuál podría ser esa posible ventaja, y los datos de Cappelli y Hamori no les han permitido abordar dicha cuestión. No obstante, están seguros de que “la ventaja competitiva de las franquicias no descansa en un modelo basado en un menor gasto por empleado”.
De McDonalds a Applebee’s
Si de acuerdo con determinadas variables, las franquicias son mejores empleadores que las empresas equivalentes, entonces ¿por qué sigue existiendo el estereotipo de los McJobs? Cappelli y Hamori creen que se debe a “atributos confusos”, esto es, características de las franquicias que, sin embargo, no están asociadas per se al hecho de ser una franquicia. “Las franquicias se concentran en los pequeños negocios con pocos recursos, y en sectores como hoteles y restaurantes, donde los empleos suelen ser de baja calidad”, escriben. “Pero dentro de esos sectores, las franquicias parecen realizar prácticas de gestión más sofisticadas e invertir más en sus empleados”.
Además, existen muchas franquicias, lo cual las convierte en un objetivo muy visible. En Estados Unidos, operan cerca de 1.500 franquicias, que hacen negocios a través de unos 320.000 establecimientos. Cappelli y Hamori estiman que las franquicias suponen más o menos el 5% de las empresas estadounidenses. Además de grandes franquicias de la comida rápida como McDonald’s, Wendy’s y Subway, también existen otras como Gold’s Gym, Jiffy Lube, Mail Boxes Etc. o Athlete’s Foot. Las franquicias están desproporcionadamente presentes en el sector servicios, donde suponen el 11% de los empleadores del sector (porcentaje que apenas supera el 5% para la economía en su conjunto). Casi un tercio de los restaurantes y comercios al por menor son franquicias.
Los defensores de las franquicias, en especial aquellos en el negocio de la comida rápida, sostienen que no es correcto criticar a las franquicias por no ofrecer mejores empleos, ya que, por otro lado, están actuando como puerta de acceso para los trabajadores sin experiencia. De acuerdo con este argumento, los empleos de las franquicias suelen estar peor pagados y ofrecen muy pocas posibilidades de promoción. Pero esto constituye un problema sólo si se considera de forma independiente, sin tener en cuenta el resto de la economía, y se supone que será el único lugar en que trabaja una persona. La realidad es que el empleado medio cambia de trabajo varias veces a lo largo de su carrera profesional y ese empleo en, por ejemplo, un establecimiento de comida rápida le ofrece una experiencia y habilidades valiosas y necesarias para poder acceder en un futuro a un puesto mejor. Según esta argumentación, si en la actualidad preparas hamburguesas en McDonald’s, en un futuro tal vez podrías ser asistente de chef en Applebee’s.
Cappelli está de acuerdo con dicha sugerencia bajo ciertas circunstancias. “Existe cierta jerarquía de empleos y, manteniendo todo lo demás constante, la gente consigue progresar”, señala. “Pero no es necesario trabajar seis meses en McDonald’s para trabajar en Applebee’s. Sólo se trata de mejorar tus posibilidades desde el punto de vista del empleador; tu atractivo aumenta. El hecho de conseguir un empleo mejor no quiere decir que estés adquiriendo habilidades”.
Los trabajadores de las cadenas de comida rápida, en especial los novatos -como los estudiantes de enseñanza secundaria-, pueden aprender algunas competencias básicas del trabajo, como comprender la importancia de ser diligente o un buen compañero de trabajo y el valor de los servicios al cliente. Pero posiblemente no estén adquiriendo habilidades especializadas que les hagan más valiosos para otras empresas; por tanto tampoco aumentará su probabilidad de ser contratados. Cappelli compara empleos de tipo no gerencial en Wendy’s, Dunkin’ Donuts y otras franquicias de comida rápida para evaluar algo más que la formación.
Esto no significa que, en algunos casos, este tipo de empleo no pueda ayudar a los trabajadores a progresar. Cuando el desempleo es elevado, las empresas se vuelven más selectivas a la hora de contratar. De hecho, empiezan a buscar entre los trabajadores preseleccionados para cubrir incluso los puestos menos relevantes. “Y para un primer empleo como lavaplatos en Applebee’s no contratarán a nadie que no demuestre tener alguna experiencia laboral”, señala Cappelli. “Un lugar como McDonald’s podría proporcionar dicha experiencia”.
Esto nos lleva a otra realidad del mercado de trabajo, esto es, la imposibilidad de clasificar un trabajo como bueno o malo sin un contexto. Las condiciones económicas importan. Un individuo que busca empleo podría rechazar las ofertas de las franquicias de comida rápida en caso de encontrarse, por ejemplo, en la pujante Las Vegas, donde puede encontrar puestos más lucrativos como camarero en un casino. Pero un puesto similar podría ser muy atractivo en una ciudad textil en crisis de Carolina del Norte o del Sur. “Si se observan las tensiones del mercado de trabajo a lo largo y ancho del país, posiblemente se vea que en aquellos lugares en los que el desempleo es más elevado la calidad de los empleados que trabajan en franquicias también es mayor”, señala Cappelli.
Y si por casualidad pasas por una de esas ciudades textiles en crisis y te entra el apetito, puedes pedir tranquilamente una hamburguesa con patatas fritas sin temor a estar contribuyendo a fomentar el término “McJob”. “McDonald’s tal vez no esté ofreciendo un empleo tremendamente lucrativo, pero es muy probable que pague más que la hamburguesería local de la esquina”.
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